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Polémica por el uso del pañuelo en centros educativos

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Fecha: 
7 Mayo 2010

La integración, la cohesión social y el derecho a la educación son valores prioritarios. Y es imprescindible tener clara la diferencia que existe entre los símbolos religiosos exhibidos y los símbolos portados.

 

De los velos en las aulas

La actual polémica del uso del velo islámico en las aulas españolas resurge periódicamente como un fenómeno que atentara contra la autonomía de los centros educativos para organizar sus normas internas de convivencia. Sin embargo, no es así. Con la llegada de inmigrantes de otras culturas, se producen supuestos conflictos y enfrentamientos que sólo pueden dirimirse aplicando el sentido común y los principios de libertad, igualdad y pluralismo recogidos en la Constitución y en las formas sociales de actuación que deben derivarse de ella, cuya máxima expresión es la multiculturalidad y el respeto mutuo.

Dos cuestiones, entre otras muchas, queremos destacar en este asunto.

La primera es que se nos olvida que estamos hablando de niñas (de 12 a 16 años, aproximadamente) que están pasando por una etapa difícil de su vida, la adolescencia, en la que todos buscan (y encuentran) su identidad personal. La libertad, además de conquistarla, hay que aprender a disfrutarla. Probablemente, no queremos ser conscientes de que estas alumnas aprenden y asumen las costumbres de sus respectivas casas y familias exactamente igual que el resto de alumnas, que asumen las de las suyas. Y aprenden también en la escuela, institución básica de la integración y de la cohesión social y del derecho fundamental a la educación, de cuya primacía no puede dudarse.

Y se nos puede olvidar también que, suponiendo que reciban grandes presiones para usar el velo, cuando llegan al Instituto, la sociedad las presiona sin piedad para no llevarlo. Ellas están en el medio sin poder ni saber aún tomar decisiones libres y se las mueve o coloca en otro colegio como si en vez de personas estuviéramos moviendo peones de ajedrez.

No es tiempo ya de tener que recurrir al Venceréis, pero no convenceréis. La educación consiste en facilitar los conocimientos y las estrategias para que las personas hagan sus elecciones libremente. Las prohibiciones sólo generan situaciones de reacción visceral.

La segunda, que es necesario enfrentarse a este tema evitando las posiciones interesadas de grupos de presión y de personas o colectivos que lo utilizan como arma arrojadiza. Proliferan las defensas de los regimenes internos de los centros y de la integración asimilacionista con argumentos peregrinos. Los centros educativos no pueden regular en contra de los valores constitucionales ni deberían hacer demagogia.

No es comparable, por ejemplo, una gorra con un elemento que, nos guste o no, tiene o puede tener connotaciones de carácter religioso. La libertad religiosa es un derecho fundamental recogido en la Constitución, al igual que el derecho de los padres a elegir la educación moral de sus hijos. Ambos son derechos individuales y privados, y fundamentales. Y no pueden equiparse con aprendizajes sociales o costumbristas como el uso de gorras o tocados. Las gorras, sombreros y similares siempre han sido elementos de tocado para el exterior de los edificios, que se quitaban (y quitan) en el interior. El velo tiene connotación de permanencia durante todo el dia y en todas las actividades de la vida cotidiana (se pone al levantarse y se quita únicamente al final del dia).

Para algunas personas, es un simbolo religioso. Y para no hacer demagogia con otros símbolos también religiosos, sobre todo, teniendo en cuenta la reciente sentencia Lautsi del Tribunal Europeo de Derechos Humanos sobre los crucifijos, es importante que sepamos distinguir entre símbolos religiosos portados y símbolos religiosos exhibidos. En este segundo caso, los símbolos expuestos en la pared de un aula son susceptibles de influir en los educandos vulnerando su derecho a la libertad de conciencia y el derecho de todos los padres a elegir la educación moral de sus hijos. Y por eso, el TEDH establece que hay que quitarlos de las aulas. En el caso de símbolos religiosos portados, es decir, que los lleva puestos una persona, estos son o pueden ser elementos de su propia identidad personal, a la cual tiene derecho, y que todas las demás personas deben respetar por mor del artículo 18 de la Constitución.

Por último, se oye y se lee que la tan mencionada y nunca aparecida nueva ley de libertad religiosa o de conciencia va a regular la inexistencia de símbolos religiosos en los espacios públicos. Mucho nos tememos que esta ley no va a mencionarlos, ni mucho menos a regularlos. Más bien, de nuevo, será la sociedad la que, usando del sentido común y de los valores de libertad y pluralismo, resuelva este problema con una actitud positiva hacia la consideración de la diferencia como valor social.

Yolanda García Figueruelo

Alternativa Laica

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