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No ofende el símbolo, sino su imposición

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Fecha: 
18 Febrero 2010

Artículo de opinión de Fernando Riaguas publicado en Global Castilla La Mancha.

 

La culminación de la instauración del “Santo Crucifijo” en todas las aulas de los centros educativos españoles fue ordenada el 30 de marzo del 39 por el Ministro de Educación, aconsejado por “el sentido cristiano de nuestra victoria y el reconocimiento de la ayuda de Dios al Caudillo de España”.

La España que, en palabras de la Ley de reforma de las enseñanzas medias de 1938, renacía a su auténtico ser cultural, quería templar las almas de los españoles con las virtudes de los grandes capitanes y políticos del Siglo de Oro, formados en la Teología Católica de Trento y en los triunfos guerreros por tierra y por mar en defensa y expansión de la Hispanidad (como se ve, nada que tenga que ver con las raíces cristianas de la construcción cultural de Europa con las que ahora nos quieren hacer comulgar).

Tanto se templaron nuestras almas del 38 al 78 que, al abordar el tránsito del Estado nacionalcatólico al Estado democrático de Derecho, convinimos en dejarnos en la gatera el erizado pelo de la confesionalidad.

En adelante, el Estado debía ser neutral.

Pero como nuestros dirigentes se llaman a andana, los laicos se lo tenemos que recordar. Lo más suave que los agitadores del tridente nos dicen por ello es que somos tontos, malévolos o resentidos.

-¡Que lo decidan los Consejos Escolares! –escurren el bulto los políticos-. Vale, pues que de paso voten también si la bandera española debe ondear en el patio del colegio o si la efigie de Su Majestad ha de ocupar un lugar destacado en el despacho del Director. -¡Ah, eso no se discute!- Entonces sí que les vemos, aparte de la indigencia del caletre, blandir la Constitución.

Obligado por ella, pero a regañadientes, el Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León ha dictaminado que, cuando los padres de un alumno soliciten la retirada de un aula -o de un espacio común- de un símbolo religioso, deberá procederse a ello de manera inmediata.

¡Vamos avanzando! A mi abuelo maestro, por quitar un crucifijo le hicieron un consejo de guerra.

 

Tema relacionado: Libertad religiosa artículo de Javier Pérez Royo publicado en El País

En este artículo , el autor sostiene que la retirada de los símbolos religiosos de las aulas debería haber sido una realidad desde el momento en que se promulgó la Constitución en 1978. Ni el Ministerio, ni las Consejerías de Educación ni los Consejos Escolares pueden decidir sobre la permanencia o no de símbolos religiosos en las aulas: es una decisión ya tomada por el constituyente al redactar el artículo 16.

No ofende el símbolo, sino su imposición