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Inmaculada 2010. Carta abierta al Alcalde de Toledo

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Fecha: 
3 Diciembre 2010

 El hecho de que un Alcalde, en representación del Ayuntamiento, jure, año tras año, defender un dogma religioso (o de que pronuncie en un acto público, en voz alta, las palabras en que consiste el juramento) constituye un incumplimiento grave de su deber de abstención, esto es, un déficit democrático: las autoridades públicas no tienen ningún poder de apreciación sobre la legitimidad de las creencias religiosas.

Las instituciones no pueden tener creencias religiosas. Sólo así se garantizan el pluralismo y la convivencia democrática con arreglo a la Constitución

Un año más, Sr. Alcalde, venimos a recordarle el incumplimiento sistemático y reiterado de la Constitución Española y, en particular, de su articulo 16.3 que establece que ninguna confesión tendrá carácter estatal. La Constitución obliga a los poderes públicos a mantener la necesaria neutralidad en materia religiosa.

Un año más, le pedimos respeto a la libertad religiosa, consagrada en el articulo 16 de la Constitución, de los ciudadanos a los que por su cargo representa: católicos que no entienden la invasión del poder político en su religión, agnósticos, cristianos no católicos, musulmanes, judíos, ateos, escépticos e indiferentes que también son, somos, toledanos.

Instalarse en la ambigüedad o en la falta de coraje, frente a problemas o dificultades, son actitudes muy propias del común de los mortales, pero negar la evidencia para justificar el papelón es probablemente una de las actitudes que mayor desafección produce entre ciudadanos y políticos.

 ¿Puede ponerse en duda que prometer o jurar defender el dogma católico de la inmaculada concepción es un acto confesional? El propio enunciado lo evidencia. Pero no. He aquí que por “ars toletana“, si el que jura o promete es un político no rige el principio consecuente. ¿Será que, como no dicen la verdad ni jurando, no se puede considerar acto confeso?

Tenemos por aprendido que el político es una subclase del común de los mortales, luego le obliga su juramento o promesa y no consta en el archivo de Alternativa Laica la propensión al perjurio de nuestros representantes municipales. O sea. ¡Que sí! Que aunque sea un político, rige la consecuencia. Es un acto confesional.

Sr. Alcalde, si finalmente decide hacer caso omiso a nuestras reiteradas y justas reclamaciones refugiándose en el poco solvente y ambiguo argumentario de la costumbre o la mayoría católica, no niegue la evidencia.

 

Alternativa Laica                                                   Toledo, 3 de diciembre de 2010