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El Supremo declara firme la sentencia que anuló la prohibición del burka

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Fecha: 
12 Julio 2013

En el año 2010, el Ayuntamiento de Lérida aprobó una ordenanza en la que se prohibía el uso del burka y del niqab en los edificios públicos. La asociación musulmana Watari recurrió esta ordenanza ante el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña.

En febrero, el Tribunal Supremo declaró contrarios a derecho los artículos de la ordenanza municipal que prohíbe la utilización del velo integral en los edificios públicos de la ciudad. Y ahora la sentencia se ha hecho firme.

En el año 2010, el Ayuntamiento de Lérida aprobó una ordenanza en la que se prohibía el uso del burka y del niqab en los edificios públicos. La asociación musulmana Watari recurrió esta ordenanza ante el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña. Alegaban que era un atentado contra la libertad religiosa. El TSJC suspendió cautelarmente en enero de 2011 la aplicación de la ordenanza hasta que hubiera sentencia al respecto. Sentencia que se dictó en junio y que avalaba la normativa del Consistorio.

Ahora, el Tribunal Supremo ha convertido en firme la sentencia que declaraba contrarios a derecho los artículos de la ordenanza municipal que prohíbe la utilización del velo integral en los edificios públicos de la ciudad.

Son dos los argumentos principales de la sentencia del Supremo. El primero es que el ayuntamiento no es competente para regular un derecho fundamental como es la libertad religiosa. El tribunal no pretende responder a la pregunta sobre si cabria en la Constitución la posibilidad de prohibir el uso del burka en España como se ha hecho en otros países, sino solamente en la competencia del ayuntamiento para regular este derecho.

La Sentencia del Supremo de febrero también responde al argumento de que la prohibición del burka tiene como finalidad impedir que las mujeres lo utilicen de manera forzada, por imposición, y para facilitar su integración social. En este sentido, el tribunal defiende que la prohibición del velo integral puede tener un efecto perverso sobre la integración de las mujeres que lo usan. Pueden verse confinadas a su entorno familiar cercano, y cerrado, impidiéndose su efectiva integración social. En todo caso, si las mujeres usan esta vestimenta por imposición, en contra de su voluntad, deben recabar la ayuda de las autoridades.

El Alcalde de Lleida ha emplazado al Congreso de los Diputados o al Parlamento catalán a legislar sobre esta cuestión, ya que el ejercicio de los derechos fundamentales sólo puede verse limitado por una ley.

La verdad es que esta es una cuestión muy controvertida. Los poderes públicos no pueden y no deben inmiscuirse en las creencias religiosas de los ciudadanos y de las comunidades. Y deben eliminar los obstáculos que puedan existir para que las personas ejerzan sus derechos, incluido el de la libertad religiosa.

Sin embargo, es difícil saber dónde acaba o empieza una imposición religiosa o la aceptación voluntaria de unas normas y reglas de índole u origen religioso. La utilización del velo islámico puede ser una cuestión religiosa. Pero también puede ser una imposición social, basada en el patriarcado machista en el que las mujeres son ciudadanas de segunda categoría sometidas a las leyes y normas sociales dictadas por los hombres para el control de las conciencias. Todas la religiones son misóginas, relegan a las mujeres a un papel secundario; ninguna basa sus principios en la igualdad. Históricamente, todas las sociedades han utilizado la religión como coartada para dictar costumbres sociales de dominio de los hombres sobre las mujeres. Y en este sentido, la utilización del velo islámico puede no tener nada que ver con preceptos religiosos y todo que ver con imposiciones sociales desigualitarias.

El burka añade un elemento más complejo aún. El velo integral produce inevitablemente la invisibilidad de las mujeres. No se las ve, no existen. Es claramente una forma de represión de las mujeres so pretexto de preceptos religiosos.

Pero lo difícil es delimitar qué son preceptos religiosos y qué no. Unos podemos ver claramente que la utilización del burka no tiene nada que ver con la religión y que es una forma de represión de las mujeres en un mundo machista. Pero en el momento en el que alguien alega creencias religiosas para vestir de una u otra forma es casi imposible poder argumentar algo, ya que los argumentos religiosos, por definición, son irracionales y no demostrables: son creencias. Y teniendo esto claro, podemos pensar que hacemos un favor a esas mujeres que sufren la opresión de su comunidad. Pero podemos encontrarnos con que se refugian en su comunidad para mantener sus “creencias religiosas”. Es decir, que pueden dejar de salir a la calle si en la calle no pueden utilizar sus elementos supuestamente religiosos.

La lucha por la igualdad y, en concreto, la igualdad de estas mujeres que algunos consideramos oprimidas por sus comunidades, ¿debe basarse en la prohibición de determinadas creencias religiosas, en la prohibición de los usos y costumbres, o en la educación y en el convencimiento? La respuesta es difícil. La prohibición puede servir para que conozcan otras formas de vida que presuponemos que no conocen. La educación y el convencimiento pueden derivar en la integración real de estas mujeres en esta sociedad nuestra, evitando una opresión doble: la de su comunidad para que lleven el burka y la de la comunidad de acogida para que no lo lleven. Ellas están en medio. Y son ellas las que deben encontrar su camino hacia la integración, convencidas de ello. Solo nos queda convencer.

Otra cuestión distinta es la actitud de la asociación recurrente, que se llama asociación Watani por la libertad y la justicia. El uso del burka no aparece en ningún sitio en el Corán, libro religioso por excelencia del islam. Solo es una imposición social, no religiosa. Pero esta asociación reclama y se autodenomina “por la libertad” y la justicia. No hay ninguna libertad en la utilización de una prenda que hace invisible a quien la lleva. No hay ninguna libertad en la actuación de unas personas que llevan una prenda que les impide de facto relacionarse con las otras personas con las que vive, de su propia comunidad y de la comunidad general. Y no existe ninguna justicia en la imposición, religiosa o no, a las mujeres de unas costumbres que las aleja de la sociedad en la que viven.

Mujeres con burka