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Corpus 2009

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Fecha: 
6 Junio 2009

La Asociación Alternativa Laica hace un llamamiento a los poderes públicos, civiles y militares, a mantener el principio de neutralidad del Estado en materia religiosa y, en consecuencia, a evitar su participación en el cortejo procesional del Corpus formando parte activa del mismo.

En las fiestas de la ciudad, los poderes públicos deben colaborar en la organización de los festejos populares y tradicionales y facilitar aquellas manifestaciones que por su arraigo, como es el caso de la procesión del Corpus, forman parte de ciertas tradiciones, pero en ningún caso confundirse con las prácticas religiosas participando en las mismas.

Alternativa Laica ha defendido en numerosas ocasiones, con motivo de eventos similares y en años anteriores, que "las fiestas de la ciudad, no pueden ser patrimonio de una parte de la sociedad". Las fiestas del Corpus, en concreto, trascienden su origen religioso para convertirse en una manifestación de gran arraigo ciudadano y, por tanto, una de las primeras obligaciones de las autoridades al otorgarles carácter de fiesta grande de la ciudad es la de fomentar la parte lúdica y popular de las fiestas, de forma que puedan participar todos aquellos que lo deseen.

Unido a ello, el que las instituciones faciliten la organización de los eventos religiosos pertinentes en los lugares públicos, dada su tradición, junto con los festejos lúdicos propios de una fiesta ciudadana no significa que los poderes públicos dejen de cumplir su primera y más importante obligación: la de respetar las celebraciones, pero garantizando a la vez la mas exquisita neutralidad en materia religiosa.

Por ello, el hecho de que los cargos públicos de diversa índole institucional formen parte de un acto religioso, como es una procesión, en calidad de tales y no como simples ciudadanos es una dejación de esta obligación de garantía de neutralidad, y produce, además, confusión en la ciudadanía al transmitir un mensaje subliminal de identificación del poder civil con la religión católica, que no se corresponde con el momento histórico en el que vivimos ni con el ordenamiento constitucional y jurídico que nos hemos dado, ni por supuesto forma parte de sus funciones representativas.

Por otro lado, que formen parte de la procesión y de otros eventos litúrgicos los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, o distintas compañías del Ejército, todos los cuales tienen establecida constitucionalmente las funciones de garantizar la seguridad pública o la defensa, no deja de ser una escenificación de supeditación de los poderes del Estado a una supuesta autoridad religiosa, además de que en ningún caso es función de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado y del Ejército servir de adorno a los eventos religiosos.

Recientemente también otras instituciones se suman a la procesión. Es el caso de la Universidad a través de algunos miembros de su Rectorado. No puede esta institución apelar a "tradición" alguna en razón a su antigüedad, mas parece en cambio una excusa basada en un cierto afán de lucimiento personal de sus miembros que compromete la imagen de independencia y de defensa de la ciencia y el conocimiento como valor superior de la Universidad con respecto a las religiones, sacrificando la seriedad que se supone a la Universidad al boato y a la apariencia.

La Asociación Alternativa Laica se ha dirigido ya en otras ocasiones a las distintas autoridades locales, provinciales, regionales y estatales para solicitarles el cumplimiento del principio de neutralidad del Estado en materia religiosa. En el presente año volvemos a realizar el mismo llamamiento a que las autoridades civiles y militares no formen parte de la procesión religiosa, y que en todo caso aquellas autoridades que lo deseen participen, siempre desde fuera del cortejo, desde los balcones de la Delegación del Gobierno o en cualquier otro ámbito siempre ajeno al desfile procesional, que es lo que corresponde al papel de las autoridades civiles.

Esto implica que, por una parte, los poderes públicos mantienen el principio de neutralidad del Estado en materia religiosa y, por otra, actúan como representantes de todos los ciudadanos y no sólo de aquellos que profesen una determinada religión, a la vez que se respeta la separación efectiva del Estado y la iglesia también en los usos y costumbres.

Las obligaciones institucionales y representativas de los poderes públicos o las del Ejercito o las Fuerzas y Cuerpos de seguridad del Estado, nada tienen que ver con su participación en determinadas liturgias o con servir al lucimiento de determinados desfiles procesionales de la jerarquía católica, herencias sin duda de un pasado donde el Estado se proclamaba oficialmente católico, pero que nada tiene que ver con el mandato de nuestra Constitución que consagra en su articulado el principio de que "ninguna religión tendrá carácter estatal".