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Carta abierta a propósito del Corpus 2012

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Fecha: 
5 Junio 2012

Alternativa Laica, como en años anteriores, quiere hacer un llamamiento desde esta carta abierta a las distintas instituciones públicas y a sus máximos representantes a separar los contenidos de la fiesta, y su singular celebración religiosa, de la participación de los cargos públicos en el desfile procesional como expresión litúrgica de una confesión religiosa, por mayoritaria que esta pueda ser, y por tradicional que fuere dicha presencia.

Las fiestas del año pasado se convirtieron en una ridícula pugna entre los recién elegidos representantes autonómicos y municipales, de partidos distintos, para ver quien proponía más himnos, más banderas y más honores. La imagen de la entonces nueva Presidenta con su peineta ha dado la vuelta al mundo y se ha convertido en el símbolo de las protestas de todos los sectores sociales que se han visto afectados por su despótico estilo de gobierno.

La viva imagen del tradicionalismo con que se adorna la primera autoridad de la región y el lujo y el boato con que se organiza una procesión como la del Corpus no se corresponde con la austeridad que proclama como imprescindible y, aún más, con la situación de emergencia social que se vive en Castilla-La Mancha tras los recortes impuestos por  su Gobierno a innumerables colectivos sociales.

Por otra parte, la presencia de los responsables políticos debe estar en el día a día en sus labores de gobierno y no precisamente con apariciones puntuales en actos que, con mayor o menor contenido religioso, no dejan de ser celebraciones folclóricas ajenas a sus funciones y obligaciones constitucionales.

Un año después, el fondo del asunto sigue sin tener sitio en los debates de nuestros representantes políticos. Ninguna confesión tiene carácter estatal, dice la Constitución. Pero nuestros políticos, nuestros representantes democráticos casi con total seguridad formarán parte de un cortejo confesional, luciendo una pompa ajena a los usos sociales y, ciertamente, incumpliendo el mandato constitucional.

Desde años anteriores venimos insistiendo en la obligación de salvaguardar el principio de neutralidad del Estado en materia religiosa. Los cargos públicos representan a todos los ciudadanos, con diversidad de creencias y convicciones, como es propio de una sociedad plural, y por ello deben ser exquisitos a la hora de separar su actuación como representantes políticos de su intervención en eventos religiosos, a los que, naturalmente, pueden acudir a título individual.

Hemos criticado de igual forma en años anteriores la presencia del Ejercito y las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, cuyas funciones nada tienen que ver con el lucimiento en los desfiles procesionales a mayor gloria de la jerarquía católica que los organiza y que simbolizan, sin duda, la herencia de un pasado donde el Estado se proclamaba oficialmente católico y que algunos aún parecen añorar. El papel que la Constitución establece para estos cuerpos son la defensa y la seguridad; en ningún caso, la de adornar procesiones de la iglesia.

Entendemos desde Alternativa Laica que la forma en que las instituciones democráticas deben contribuir e, incluso, colaborar con las celebraciones de carácter religioso es no participando de forma activa en la procesión o el acto de que se trate y, en todo caso, situándose en un ámbito ajeno al desfile.

Es esta la forma de ser respetuosos con la celebración y con aquellas  tradiciones que, por su arraigo, forman parte de la ciudad, a la vez que con las diversas creencias de sus ciudadanos

No obstante, las fiestas del Corpus, para una gran parte de las nuevas generaciones de toledanos, han ido superponiendo su carácter lúdico por encima de su origen religioso, a la vez que el interés turístico y económico las ha ido convirtiendo en las fiestas grandes de la ciudad. Por tanto, el que las instituciones, y muy especialmente el Ayuntamiento de Toledo, organicen los festejos propios de una fiesta ciudadana con notable arraigo local e interés turístico y económico para la ciudad no tiene por qué significar su implicación y participación activa en las celebraciones religiosas. Es más, la celebración religiosa es importante para quienes tienen esas creencias, mientras que la organización de la fiesta grande es para toda la ciudadanía, independientemente de las creencias que cada uno tenga.

 

Toledo Junio 2012.