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Beatificación en Toledo

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Fecha: 
19 Octubre 2009

La presencia de diferentes representantes institucionales y políticos, desde el Presidente del Congreso de los Diputados, el Presidente de Castilla-La Mancha, el Alcalde de Toledo o la Secretaria General del Partido Popular, en el acto de beatificación del cardenal Sancha que tuvo lugar en la catedral de Toledo vuelve a poner de manifiesto la permanente e interesada confusión entre religión y política, vulnerando una vez más la separación de ambas y la imprescindible neutralidad del Estado.

Que la jerarquía católica promueva los actos litúrgicos que estime oportunos en torno a la beatificación personalizada o colectiva de algunos de sus miembros es algo que cae dentro de sus derechos en un país que garantiza la libertad religiosa y que, incluso, la protege legalmente. Pero que estos eventos religiosos de la jerarquía católica cuenten con la presencia de representantes políticos por una pretendida “normalidad institucional” no es otra cosa que la continuidad de las prácticas que en otros tiempos tenían por costumbre un uso abusivo desde el poder mezclando religión y política.

Alternativa Laica considera sorprendente que estos gestos de “normalidad institucional” se produzcan en un contexto de injerencia permanente de los obispos en la vida política española jaleando y animando las mayores movilizaciones contra el Gobierno de la nación y contra aquellas legislaciones progresistas que tratan de ampliar los derechos civiles.

Es incomprensible la asistencia de representantes de las instituciones regionales y locales de carácter progresista a este y otros actos después de escuchar estos días las declaraciones de determinados portavoces de la Conferencia Episcopal en relación a las legislaciones promovidas por el Gobierno de España y que están en fase de tramitación parlamentaria. Se pone de manifiesto que su presencia es absolutamente gratuita y que el trato reverencial que se dispensa a la Conferencia Episcopal no impide que ésta siga pretendiendo imponer a todos las posiciones más fundamentalistas.

Dicha presencia, que no se hace a título personal sino en función de un cargo representativo o institucional, contribuye a mezclar a las instituciones políticas y democráticas en actos de significación religiosa y suponen para Alternativa Laica un grave error político y un alejamiento de las prácticas y comportamientos de un estado laico. Insistimos, una vez más, en que para respetar las creencias religiosas y convicciones de todos, éstas deben quedar en el ámbito de lo privado y preservar lo público, lo común, de cualquier privilegio de trato. Las instituciones del Estado deben ser las mayores garantes de la igualdad y de la libertad.

Por otra parte, resulta patética la pretensión de algunos representantes políticos en este tipo de actos por eludir de forma vergonzante determinados posicionamientos de apoyo sobre los proyectos legislativos del Gobierno sustentado por su propio partido. Fue el caso del Presidente del Congreso de los Diputados, José Bono, que, con sus declaraciones públicas en relación al aborto, y supuestamente en aras a una hipotética defensa del consenso, no hace sino poner más de relieve el afán oportunista por agradar a la “militante jerarquía católica”.

Y no deja de resultar cuando menos curioso la enorme alegría del alcalde de Toledo por los resultados que producen la afluencia de visitantes a este evento religioso en la hostelería de la ciudad sin que ni siquiera se valore el coste de los servicios puestos a disposición de la “Sede Primada”, incluyendo los convenios de colaboración para la colocación de monumentos. Es decir, toda una riada de dinero público para que algunos ciudadanos desarrollen y practiquen su fe religiosa y sus liturgias con el trabajo de numerosos empleados públicos que cuidan de ellos.

Una vez más, Toledo sigue siendo noticia ligada a las tradiciones clericales y litúrgicas. Una vez más, el camino hacia la modernidad se pretende hacer, por contradictorio que parezca, por la senda del tradicionalismo mas arcaico colaborando con las sublimes parafernalias eclesiásticas cada vez mas alejadas de una ciudadanía secularizada y plural, aunque algunos aún no quieran enterarse.